LA PAREJA
Tu + Yo = Nosotros

A lo largo de la historia y en la evolución de las diferentes culturas y sociedades la relación interpersonal que más trasmutaciones y cambios psicosociales ha sufrido es la pareja, sin embargo hay algo que permanece inalterable y es la necesidad del ser humano de relacionarse entre sí formando grupos para lograr un fin. Dentro de estos grupos nos encontramos con uno primario que es la familia, y el otro que es el grupo de los pares ( pareja, compañeros de trabajo, amigos....).
Al formar una pareja queda constituido un nuevo sistema que a la vez será el inicio de una nueva familia. Este nuevo sistema-pareja tendrá características nuevas y propias basadas en la comunicación, la confianza, el respeto, la ternura, la sexualidad y el placer. Ambos miembros de la pareja traerán al nuevo sistema-pareja expectativas, creencias, modos de hacer que heredan del grupo primario, es decir de su familia de origen.
Como se ve cuando formamos pareja, no estamos solos, no empezamos de cero, sino que llegamos con un enorme equipaje. Cada uno de nosotros somos un mundo y trasladamos nuestras peculiaridades al ámbito de la relación de pareja: a unos les gusta mandar pero otros tienen un perfil más sumiso o conformista, unos prefieren decidir y otros que decidan por ellos, a unos les encanta dar y darse al otro mientras que otros parecen haber nacido sólo para recibir de los demás, unos necesitan más cariño y a otros les abruman las emociones a flor de piel... Vamos, que la pareja es un sistema peculiar, imprevisible y difícil de sostener tanto si pretendemos ser uno como si queremos avanzar en pareja sin haberlo hecho previamente en lo individual.
Uno de los grandes problemas de la pareja actual es que el epicentro de la misma se ha colocado en la individualidad autoconsciente y no en el nosotros. Lo que más se ve en la sociedad actual es la búsqueda incesante en el otro de todo aquello que no encontramos en nosotros mismos, creando así una carga en el otro que hace imposible el crecimiento de la pareja. Al proyectar la búsqueda hacia nuestro exterior las probabilidades de que encontremos aquello que buscamos son nulas.
La mayoría de los aspectos que machacamos a nuestra pareja, tienen que ver con aspectos que nos fueron machacados a nosotros en nuestra familia de origen; al igual que la mayoría de cosas que le pedimos a nuestra pareja tiene que ver con nuestras propias carencias y conflictos no resueltos.
Para que la pareja pueda evolucionar, crecer es necesario el crecimiento individual de cada uno de sus miembros. Al formar una pareja creamos un vínculo que responde a las necesidades, creencias, objetivos, caminos.....del momento, y al igual que las personas sufrimos cambios puramente biológicos o psicológicos a lo largo de los años, el vínculo tiene que ser revisado si queremos seguir creciendo individualmente y en pareja. El crecimiento de la pareja es la búsqueda permanente del vínculo que en el “aquí y ahora” permita el máximo desarrollo personal junto al otro/a.
En las personas coexisten dos tipos de energía que son: la masculina (actividad, búsqueda, movimiento, pensamiento..) y la femenina (pasividad, receptividad, emociones..), en cuanto estas dos energías se unes dan lugar a lo que N. Levy (psicólogo transpersonal) denomina la pareja interior. La forma en que cada miembro de la pareja interactúa con su pareja interior suele reflejarse en la relación interpersonal de pareja. Si la persona está más en uno que en el otro aparecerá un desequilibrio en la pareja.
Como podemos ir observando cada vez aparecen más y más cosas en el equipaje, unas obsoletas y otras nuevas. Cuando hablamos del tema de pareja vienen añadidos temas como la sexualidad, la intimidad, la ternura, la complicidad, la comunicación, el cuerpo................... hoy hablaré un poco del tema de la intimidad.
Cuando oímos hablar a las parejas de intimidad vemos que hacen referencia a un espacio que no tienen, que si tienen o que está cada vez más limitado; a pequeñas cosas compartidas, al placer reservado para unos pocos. Yo me referiré a otro tipo de intimidad; a la intimidad afectiva en la pareja.
En el mundo de la intimidad afectiva la necesidad (instinto biológico) amenaza constantemente la comunicación reduciendo al otro miembro de la pareja a un mero objeto de satisfacción. La intimidad afectiva se desarrolla en el mundo del deseo no de la necesidad aunque ésta a menudo esté presente.
Para que pueda darse la intimidad afectiva es necesario abandonar las corazas de cada uno de los miembros que pondrán al descubierto lo más íntimo de nuestro núcleo. Para que esto pueda suceder es imprescindible el trabajo individual previo, de esta forma se podrá vivir la desnudez de nuestro núcleo como una nueva oportunidad de crecimiento, de compartir y no como una amenaza. No debemos olvidarnos de nutrir afectivamente a la pareja como una unidad dinámica que es.
Directamente tengo que hacer referencia al cuerpo cuando hablo de intimidad. El cuerpo nos habla y si lo observamos podemos obtener mucha información. Con un cuerpo bloqueado, acorazado es imposible que se de la intimidad. El espacio que se requiere entre dos personas para que de lugar la intimidad es de 0 a 4 cm. El sentido de la vista en este espacio tan reducido queda en segundo plano y en el primer plano está el contacto y está la voz, casi siempre en forma de susurro y también el olor. Para que el contacto en pareja sea placentero amos integrantes tienen que construir de forma clara y bien delimitada los propios límites.
Actualmente cada vez es más frecuente ver en consulta a parejas que no se miran entre ellas, no ven al otro, y que no se escuchan; ello derivado del nuevo deporte existente en nuestra sociedad que es el “ombliguearse”, mirarse únicamente así mismo. Cuando uno practica este deporte no esta construyendo la pareja sino desarmándola.
Una pareja sana se construye a partir de dos individuos completos y equilibrados. Para que la pareja avance es imprescindible dar y recibir amor: el amor es entregarse al otro. El amor alberga tres ingredientes simultáneos: una buena relación sexual, que se irá consiguiendo con el tiempo, la compenetración psicológica, que implica aunar corazón y cabeza, sentimientos y razones, y la compenetración espiritual para superar los propios vaivenes de la vida.
Si realmente tenemos la intención de "construir sobre cimientos firmes" tenemos que compartir nuestro núcleo íntimo, es decir mostrarnos tal y como somos. Tenemos que amar lo que somos y como somos para que el otro nos pueda amar.
Magdalena Verd Ferrer
Psicóloga Col. nº B-00513
Sexóloga
Terapeuta Gestáltica
Magdalena Verd, junto con Frederic Suau, facilitarán un Taller de Parejas los días 30 – 31 de mayo, i de junio, en aulabaleardegestalt. Información e inscripciones 600537539
Al formar una pareja queda constituido un nuevo sistema que a la vez será el inicio de una nueva familia. Este nuevo sistema-pareja tendrá características nuevas y propias basadas en la comunicación, la confianza, el respeto, la ternura, la sexualidad y el placer. Ambos miembros de la pareja traerán al nuevo sistema-pareja expectativas, creencias, modos de hacer que heredan del grupo primario, es decir de su familia de origen.
Como se ve cuando formamos pareja, no estamos solos, no empezamos de cero, sino que llegamos con un enorme equipaje. Cada uno de nosotros somos un mundo y trasladamos nuestras peculiaridades al ámbito de la relación de pareja: a unos les gusta mandar pero otros tienen un perfil más sumiso o conformista, unos prefieren decidir y otros que decidan por ellos, a unos les encanta dar y darse al otro mientras que otros parecen haber nacido sólo para recibir de los demás, unos necesitan más cariño y a otros les abruman las emociones a flor de piel... Vamos, que la pareja es un sistema peculiar, imprevisible y difícil de sostener tanto si pretendemos ser uno como si queremos avanzar en pareja sin haberlo hecho previamente en lo individual.
Uno de los grandes problemas de la pareja actual es que el epicentro de la misma se ha colocado en la individualidad autoconsciente y no en el nosotros. Lo que más se ve en la sociedad actual es la búsqueda incesante en el otro de todo aquello que no encontramos en nosotros mismos, creando así una carga en el otro que hace imposible el crecimiento de la pareja. Al proyectar la búsqueda hacia nuestro exterior las probabilidades de que encontremos aquello que buscamos son nulas.
La mayoría de los aspectos que machacamos a nuestra pareja, tienen que ver con aspectos que nos fueron machacados a nosotros en nuestra familia de origen; al igual que la mayoría de cosas que le pedimos a nuestra pareja tiene que ver con nuestras propias carencias y conflictos no resueltos.
Para que la pareja pueda evolucionar, crecer es necesario el crecimiento individual de cada uno de sus miembros. Al formar una pareja creamos un vínculo que responde a las necesidades, creencias, objetivos, caminos.....del momento, y al igual que las personas sufrimos cambios puramente biológicos o psicológicos a lo largo de los años, el vínculo tiene que ser revisado si queremos seguir creciendo individualmente y en pareja. El crecimiento de la pareja es la búsqueda permanente del vínculo que en el “aquí y ahora” permita el máximo desarrollo personal junto al otro/a.
En las personas coexisten dos tipos de energía que son: la masculina (actividad, búsqueda, movimiento, pensamiento..) y la femenina (pasividad, receptividad, emociones..), en cuanto estas dos energías se unes dan lugar a lo que N. Levy (psicólogo transpersonal) denomina la pareja interior. La forma en que cada miembro de la pareja interactúa con su pareja interior suele reflejarse en la relación interpersonal de pareja. Si la persona está más en uno que en el otro aparecerá un desequilibrio en la pareja.
Como podemos ir observando cada vez aparecen más y más cosas en el equipaje, unas obsoletas y otras nuevas. Cuando hablamos del tema de pareja vienen añadidos temas como la sexualidad, la intimidad, la ternura, la complicidad, la comunicación, el cuerpo................... hoy hablaré un poco del tema de la intimidad.
Cuando oímos hablar a las parejas de intimidad vemos que hacen referencia a un espacio que no tienen, que si tienen o que está cada vez más limitado; a pequeñas cosas compartidas, al placer reservado para unos pocos. Yo me referiré a otro tipo de intimidad; a la intimidad afectiva en la pareja.
En el mundo de la intimidad afectiva la necesidad (instinto biológico) amenaza constantemente la comunicación reduciendo al otro miembro de la pareja a un mero objeto de satisfacción. La intimidad afectiva se desarrolla en el mundo del deseo no de la necesidad aunque ésta a menudo esté presente.
Para que pueda darse la intimidad afectiva es necesario abandonar las corazas de cada uno de los miembros que pondrán al descubierto lo más íntimo de nuestro núcleo. Para que esto pueda suceder es imprescindible el trabajo individual previo, de esta forma se podrá vivir la desnudez de nuestro núcleo como una nueva oportunidad de crecimiento, de compartir y no como una amenaza. No debemos olvidarnos de nutrir afectivamente a la pareja como una unidad dinámica que es.
Directamente tengo que hacer referencia al cuerpo cuando hablo de intimidad. El cuerpo nos habla y si lo observamos podemos obtener mucha información. Con un cuerpo bloqueado, acorazado es imposible que se de la intimidad. El espacio que se requiere entre dos personas para que de lugar la intimidad es de 0 a 4 cm. El sentido de la vista en este espacio tan reducido queda en segundo plano y en el primer plano está el contacto y está la voz, casi siempre en forma de susurro y también el olor. Para que el contacto en pareja sea placentero amos integrantes tienen que construir de forma clara y bien delimitada los propios límites.
Actualmente cada vez es más frecuente ver en consulta a parejas que no se miran entre ellas, no ven al otro, y que no se escuchan; ello derivado del nuevo deporte existente en nuestra sociedad que es el “ombliguearse”, mirarse únicamente así mismo. Cuando uno practica este deporte no esta construyendo la pareja sino desarmándola.
Una pareja sana se construye a partir de dos individuos completos y equilibrados. Para que la pareja avance es imprescindible dar y recibir amor: el amor es entregarse al otro. El amor alberga tres ingredientes simultáneos: una buena relación sexual, que se irá consiguiendo con el tiempo, la compenetración psicológica, que implica aunar corazón y cabeza, sentimientos y razones, y la compenetración espiritual para superar los propios vaivenes de la vida.
Si realmente tenemos la intención de "construir sobre cimientos firmes" tenemos que compartir nuestro núcleo íntimo, es decir mostrarnos tal y como somos. Tenemos que amar lo que somos y como somos para que el otro nos pueda amar.
Magdalena Verd Ferrer
Psicóloga Col. nº B-00513
Sexóloga
Terapeuta Gestáltica
Magdalena Verd, junto con Frederic Suau, facilitarán un Taller de Parejas los días 30 – 31 de mayo, i de junio, en aulabaleardegestalt. Información e inscripciones 600537539